Por qué esta preocupación es razonable
La preocupación
La objeción, dicha como corresponde
Un niño se atasca: un problema de matemáticas, un párrafo que no arranca, una pregunta sobre por qué la luna cambia de forma. Esa sensación de estar atascado antes duraba un rato. Ahora dura unos cuatro segundos, porque hay una casilla en la pantalla que va a responder. Llega la respuesta, es buena y todo el mundo sigue adelante.
Lo que convierte esto en una objeción de verdad, y no en una queja, es que el esfuerzo no es un efecto secundario del aprendizaje. Está más cerca de ser el mecanismo. Trabajar en algo, equivocarte, sostener una idea a medio formar en la cabeza el tiempo suficiente para ponerla a prueba: esa es la parte que construye. Una herramienta que quita el esfuerzo no se separa con facilidad de una herramienta que quita el aprendizaje, y no hace falta que te disguste la tecnología para verlo.
La preocupación también tiene una historia larga y seria. La escritura iba a debilitar la memoria. La imprenta iba a volver superficial a la gente. Las calculadoras iban a acabar con la aritmética, y los buscadores iban a acabar con saber cosas. Esa historia suele usarse para cerrar la discusión, y no debería. Que antes se preocuparan y se equivocaran en los detalles no prueba que hoy se equivoquen: cada una de esas herramientas sí cambió aquello en lo que la gente era buena, y esos cambios fueron reales. La postura honesta es que la pregunta sigue abierta, no que el precedente ya la haya resuelto.